| Para los pescadores deportivos constituye
uno de los principales atractivos de nuestros ríos. El
incentivo es el espectacular desarrollo que alcanza este pez.
El Surubi es el más
grande exponente de la familia de los bagres, después
del Manguruyú (especie en vía de extinción).
En America del Sur su presencia se extiende desde Venezuela
hasta el Río de la Plata, abarcando el centro oeste
de Brasil. Algunos ríos donde lo encontramos son: el
Paraná que cuenta con muy buenos pesqueros con servicios
de guías y cabañas , el Uruguay, el Paraguay,
el Bermejo, el Guayquiraró, el antes mencionado Río
de la Plata donde empieza a ser más común encontrarlo
que tiempo atrás, y no podemos dejar de citar el Amazona
, río en el que se destaca por ser la tercera especie
en cantidad de ejemplares.
Las variedades más conocidas
en Argentina son: el Surubi Manchado o Pintado, y
el Atigrado o Rayado, este último alcanza un menor
porte, y ambos nombres hacen referencia obvia a su apariencia.
Si bien en la actualidad se considera un excelente exponente
el que ronda los 50 kg., se llegaron a registrar piezas de
hasta 100 kg. y cercanas a los 2 metros.
Ovíparo en cuanto su reproducción,
este pez migra buscando las aguas cálidas con la finalidad
de desovar, la represa hidroeléctrica Yaciretá
impide actualmente su llegada al Brasil, destino de su recorrido
en otros tiempos. Lo encontraremos en las zonas más
profundas de los ríos, en pozones, o veriles (desniveles
del lecho hacia zonas más hondas).
Se alimenta de peces menores
prefiriendo el Sábalo y las Bogas, pero su voracidad
lo lleva a capturar otras especies, incluyendo ranas y víboras.
Cuando las aguas se enfrían, se muestra inactivo y
aletargado.
Su carne es muy preciada y tiene valor comercial, lo que ha
llevado a realizar experiencias exitosas en convertirlo en
pez de criadero.
Este majestuoso cazador suple su falta de agilidad con su
estrategia. Su apariencia lo ayuda a pasar desapercibido en
los pedregales o entre la vegetación, allí se
mantiene al acecho en espera de sus presas. En ocasiones utiliza
su potente cola para golpear y atontar a sus víctimas,
por lo tanto no es de extrañar que el pescador lo obtenga
clavado de ella y no de su enorme boca.
Desde la costa se pueden pescar
los surubies más jóvenes y de menor porte, denominados
"cachorros". También se practica la modalidad
"Trolling", navegando aguas abajo para que los señuelos
profundicen lo más posible. Si se pesca anclado con
carnada, es recomendable levantar la embarcación (liberarla
del anclaje) cuando se posee un pique, salvo que la capacidad
de los elementos esté acorde al porte del pez y permitan
acercarlo manteniéndose en el punto fijo. Más
difundida aún es la pesca a la deriva o camalote denominada
"Pindá" por los lugareños, de todas
formas se debe buscar el pique a fondo.
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